jueves, 8 de diciembre de 2011

“Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia” – San Agustín


-          ¿Por qué hizo psiquiatría doctor?
-          ¿Quiere que hablemos de mí hoy?
-          Pues es que estamos siempre hablando de mí, ¡no sé nada de usted!
-          Tiene razón... es una pregunta que me he hecho muchas veces. Mi madre no trabajaba, y mi padre era jardinero, así que me dirá usted cómo he acabado yo aquí. Además, siempre que le hablaba a mi padre de algo relacionado con el cerebro, me miraba como si no se enterara de nada, y me acababa diciendo, “¿pero eso para qué sirve?”
-          Un hombre práctico su padre. Pero la psiquiatría trata del comportamiento de la gente, ¿no?
-          ¡Ah!, ¡claro!. De hecho, cuando era pequeño en lugar de preocuparme porque el lobo no le hiciera nada malo a la Caperucita, lo que me preocupaba era porqué el lobo hacía lo que hacía. Decía mi madre que cuando el cuento se empezaba a poner intrigante yo le preguntaba que qué se podía hacer para convencer al lobo de que eso estaba mal, cómo no se daba cuenta. Eso me ha pasado siempre, nunca me ha bastado con dividir a los buenos y a los malos y ya está, siempre he necesitado saber qué lleva a una persona a hacer lo que hace
-          ¿Y ha sacado alguna conclusión?
-          ¿Por qué lo dice?
-          Pues no sé doctor… - Fernando se quitó el sombrero y se rascó la cabeza, mientras pensaba cómo plantear lo que iba a decir- Joder es que la gente es tan difícil, ¿a usted no le parece?. A lo que me refiero es, ¿por qué hacen lo que hacen?. No sólo los criminales, digo todos, las familias, las discusiones, los divorcios, ¿por qué la gente hace eso?, ¿por qué sufren y hacen sufrir a otros?. No sé qué me pasa en la cabeza doctor que ya no veo las cosas como antes, desde el accidente todo son preguntas dentro de mi cabeza.

Se quedó parado, con su mirada clavada en mí pero con la atención enfocada en su interior. A pesar del tiempo me seguía sorprendiendo aquellos ataques de inseguridad viniendo del director de Astur Marco.

-          Le entiendo Fernando.- dije, para retomar la conversación - Pero, ¿a qué se refiere con las familias y las discusiones?
-          Pues a eso mismo doctor, ¿qué más quiere que le diga?
-          ¿Tiene algún problema en casa?
-          Pues mire, mi hijo se ha separado de su mujer, y hace unos días que está durmiendo en mi casa, hecho polvo y ella también. Si sufren, ¿por qué decidieron dejarlo?
-          ¿Por qué cree usted?
-          No sé… discutían mucho… pero ahora está mal porque la echa de menos, y no quiere que se vaya con otro
-          ¿Y a usted no le parece una buena razón?
-          No sé doctor, ¿a usted?
-          Supongo que si su hijo lo ha hecho es por un buen motivo
-          Pero, ¿en qué momento tomó la decisión?, ¿por qué lo hizo?, es decir… 
-          ¿Por qué está usted con su mujer Fernando?
-          Esperó un tiempo pensando - ...no lo sé doctor - Dijo extrañado, y en un acto que ya me empezaba a resultar familiar, sacó de su bolsillo una pequeña libreta y apuntó algo - Mañana le digo…

Al guardar la libretilla un papel cayó al suelo sin que se diera cuenta. Cuando acabó la sesión, lo recogí. En él había escrita una frase: “Un programa para jugar al ajedrez calcula millones de jugadas, las evalúa y toma la decisión correcta. ¿Y yo?, ¿en qué me apoyo?, ¿con qué impulso o razonamiento hago esto o lo otro, ante la infinidad de posibles movimientos posibles en la vida?”. Sin duda, era de Fernando Alcázar. 
Antes de salir le pedí que trajera a su mujer a la próxima sesión.

No era la primera vez que tenía que tratar con un paciente que presentara dificultades para tomar decisiones. Recuerdo uno de ellos, intervenido de un meningioma benigno que estaba comprimiéndole los lóbulos y le producía fuertes dolores de cabeza. Su operación fue un éxito, y tras la intervención aquel paciente no se podría haber diferenciado de cualquier otra persona sana, exceptuando una cosa, que era incapaz de administrarse. Aquel paciente se ponía a trabajar en algo, y al momento decidía dedicarse a otra cosa sin acabar lo que había empezado. En muchas ocasiones podía tirarse una mañana entera deliberando cómo debía hacer su trabajo, sin llegar a dar el paso y ponerse manos a la obra. 

Pero las regiones del cerebro que fueron dañadas en aquel paciente no eran las mismas que las de Fernando, ni sus síntomas idénticos; a pesar de sus continuas disquisiciones sobre las elecciones, Fernando analizaba meticulosamente la toma de decisiones, era ordenado y metódico, racional e inteligente. Incluso los problemas que planteaba, eran los que se podía plantear cualquiera. La extrañeza era que aquel que dudaba en mi despacho había sabido levantar una de las empresas más exitosas del país tomando decisiones arriesgadas, invirtiendo en los lugares correctos, sabiendo lo que hacer. Algo cambió en su cabeza tras el accidente.

Revisando los papeles de su caso encontré el recorte de periódico, el día en que el país amaneció con las portadas de su accidente:


Fernando Alcázar sufre un grave accidente de tráfico

El empresario ha salvado la vida gracias a llevar puesto el cinturón de seguridad cuando ocurrió el accidente

10-10-1998

El apoderado se encuentra estable en la unidad de cuidados intensivos una vez intervenido quirúrgicamente de diversas fracturas y un grave traumatismo craneoencefálico.

El accidente de tráfico se ha registrado a las nueve y media de la mañana en el término municipal de Aquino de la Frontera. El vehículo ha chocado contra otro vehículo en el que viajaban cuatro personas. El siniestro se ha producido en el punto kilométrico 30,800 de la A-3, en dirección a Valencia.

El causante del accidente ha sido el conductor de una furgoneta Ford Transit que viajaba con exceso de velocidad. Como resultado del terrible choque la furgoneta ha quedado partida en dos. Cuando los efectivos de bomberos han llegado al lugar de los hechos han encontrado una de las mitades en la cuneta, y a los cuatro ocupante atrapados debajo de la otra mitad, mientras que el vehículo en el que viajaba Fernando Alcázar se encontraba con el frontal aplastado y su ocupante en el interior sin poder salir.

4 comentarios:

  1. Yo pondría "observándome sin verme", no?

    Iceman

    ResponderEliminar
  2. Nada que objetar, si quieres te comentamos los pocos errores que hayas podido tener. Lo de mirándome y observándome sin verme, no me termina de convencer ninguna de las 2. Yo reformularía la frase, por ejemplo "se quedó parado con su mirada fija (o puesta) en mí, pero con la atención enfocada en su interior", pero vamos que esto no es relevante.
    Y bueno, un par de tonterías, has puesto "demasiado experiencia" y "nueves y medía". pero ya te digo, son chorradillas, si quieres nos centramos en lo que es el "tirón" del tema y lo comprensible de su redacción.

    Acaso no voy a ser Jonhy.

    ResponderEliminar
  3. Ok, voy a cambiarlo. Pero sí, además de las correciones ortográficas me interesa vuestra opinión, "pues de momento está interesante" o "me parece un poco irrelevante lo que has escrito", "no sé dónde quieres llegar" o simplemente si os gusta o os da iwal. Ser sinceros porque yo tengo mis ideas claras, pero el libro es para los demás y después de tanto tiempo me cuesta abstraerme y pensar cómo de interesante lo pueden ver los demás. Y el inicio de un libro es la parte más importante

    Fresquito

    ResponderEliminar